Semana 2 – Día Lunes

Lectura Bíblica:

Jn. 2:23-25; 3:8

Leer con Oración:

“Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos” (1 Co 14:33)

DIOS NO ES DIOS DE CONFUSIÓN

El mensaje de esta semana se titula “Hacer la voluntad de Dios y realizar Su obra” y está basado en el cuarto capítulo del Evangelio de Juan (vs. 27-45). Abordemos primero un hecho importante registrado al inicio del capítulo: “Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria” (vs. 1-4).

Jesús se retiró de Judea y regresó a Galilea porque, a los ojos de los fariseos, parecía haber una competencia entre Jesús y Juan el Bautista sobre quién bautizaba más. Es esencial saber que, en la obra de Dios, hay una sola dirección; no hay confusión, no hay dos obras que compitan entre sí.

Juan el Bautista fue muy usado por Dios. Estaba lleno del Espíritu Santo e hizo un excelente trabajo preparando el camino para que el Señor Jesús comenzara Su ministerio. Además, fue usado para bautizar a Jesús, y cuando Lo bautizó, testificó: “Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios” (Jn 1:34). Él presenció la confirmación de esto cuando el Espíritu Santo descendió como una paloma sobre Jesús. A partir de ese momento, el ministerio de Juan el Bautista como precursor de Jesús debería haber concluido, pero él no salió de escena.

Esto nos muestra que nuestra naturaleza humana no es digna de confianza. La gente, para creer en Jesús, necesitaba ver las señales que Él realizaba (Jn 2:23-25). Deberían haber identificado a Jesús como el Mesías que iba a venir y haber creído en Él sin importar las señales, pero eso no fue lo que sucedió.

Hoy tenemos el ejemplo de nuestros adolescentes. Ellos no necesitan ver señales para creer que la palabra viene del Señor. Ellos creen en ella con sencillez y luego suceden las señales. No necesitamos esperar a ver milagros y señales y solo entonces creer que esta palabra es del Señor, sino que debemos aprender a identificar el hablar de nuestro Señor y creer en Su palabra. Luego vendrán las señales. Desafortunadamente, todavía tenemos elementos del viejo hombre provenientes de la caída y debemos ser conscientes de que todavía tenemos una vida natural. Nacimos del Espíritu, por lo tanto tenemos una vida espiritual en nuestro interior. Pero no basta con nacer del Espíritu, también debemos aprender a vivir y andar por el Espíritu (Jn 3:8). Si vivimos por el hombre natural, por la vida de la carne, nunca seremos verdaderamente confiables.

Juan el Bautista no quiso salir de escena porque no quería deshacerse de su grupo de discípulos. Tenía muchos seguidores y era muy popular entre los judíos, quienes lo tenían en alta estima. Al hombre natural le gusta la fama, recibir alabanzas y gloria de los hombres. Amados hermanos, limpiemos nuestro corazón. Estamos aquí solo para servir al Señor con un corazón puro; no busquemos nada para nosotros mismos.

Nuestros adolescentes, los colportores, el PAC y nuestros hermanos y hermanas en general se han tomado muy en serio la inmersión en la palabra, porque nos saca de la superficialidad de la letra. Al sumergirnos, penetramos en la profundidad de la palabra de Dios y recibimos lo que el Señor quiere revelamos. Esto cambia nuestro ser en esencia, impidiéndonos vivir en la apariencia. Entonces Dios nos llena con Su realidad. Sumergirse en la palabra, transcribirla y entonar gritos de guerra tienen como objetivo ayudarnos a profundizar en la revelación de la palabra. En su evangelio, el apóstol Juan tiene un propósito mucho mayor que simplemente describir hechos históricos. Por eso, debemos profundizar en sus escritos para saber qué es lo que verdaderamente Dios quiere revelarnos a través de ellos.

Escriba la frase que más tocó su corazón

Destaque los puntos claves de esa frase

Ore de acuerdo con el contenido destacado arriba.

Lectura de Apoyo:

“Sala de guerra – Una palabra a los líderes” – caps. 2, 3, y 5 – Pedro Dong

“La maravillosa invitación de Dios al hombre” – caps. 1 y 2 – Pedro Dong